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Opinión Editorial


Festejar la Navidad


Publicación:19-12-2024
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La Navidad promueve la paz y estimula a la reflexión para adoptar sentimientos transformadores

Se calcula que aproximadamente el 60 por ciento de la población mundial celebra la Navidad, ya sea como festividad religiosa, cultural o presión social. Es considerada la fiesta más amplia del mundo no solo por su alcance geográfico sino por los valores que representa y que son asumidos por las personas independientemente de sus creencias religiosas.

La Navidad promueve la paz y estimula a la reflexión para adoptar sentimientos transformadores. 

Si analizamos el significado de los elementos que adornan esta época, podemos advertir que todo está orientado a la valoración de la persona y sus relaciones, y, sobre todo, son una invitación a adoptar lo que representan. Los ornamentos, las luces y las celebraciones poseen un simbolismo cristiano, comunitario y cultural promoviendo valores como la fe, la esperanza, la generosidad, la solidaridad y el amor familiar.

El árbol de Navidad tiene raíces paganas, pero fue adaptado por el cristianismo. Representa la vida eterna y la esperanza. Su forma triangular hace alusión a la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo), y las luces que se colocan en él simbolizan la luz de Cristo que llega al mundo, o bien las estrellas que brillan en el cielo. 

El pesebre representa la humildad por el lugar donde nació Jesús, un entorno sencillo, rodeado de paz, amor y esperanza. Esta tradición fue iniciada por San Francisco de Asís en el siglo XIII. San José es una figura central en la tradición cristiana, simbolizando la paternidad, la responsabilidad y la obediencia a Dios.

Los regalos representan el acto de dar, basado en los presentes que los Reyes Magos ofrecieron al niño Jesús: oro, incienso y mirra. Dar regalos en Navidad sigue siendo un símbolo de amor, generosidad y gratitud. Papá Noel o Santa Claus, basado en la figura de San Nicolás, un obispo del siglo IV conocido por su generosidad hacia los niños y los pobres se transformó con el tiempo en una figura central en las celebraciones navideñas, representando el espíritu de dar.

Las campanas se asocian con la celebración y el anuncio de buenas noticias. En muchas culturas, se utilizan para convocar a oficios religiosos y simbolizan alegría.

Las Posadas son una tradición religiosa y cultural mexicana que rememoran el peregrinaje de María y José buscando posada en Belén antes del nacimiento de Jesús. También se celebran en otros países de América Latina, especialmente en aquellos con una fuerte influencia católica, como Guatemala, El Salvador, Honduras, y en algunas comunidades latinas en los Estados Unidos.

Se realizan durante los nueve días previos a la Navidad. Cada noche, los participantes representan la búsqueda de refugio para María y José, y en su camino se detienen en diferentes casas, donde cantan villancicos y se les niega la entrada hasta llegar a la posada final, donde se celebra con comida, piñatas y dulces. Las posadas simbolizan la espera del nacimiento de Cristo, el acto de dar y recibir, la hospitalidad, y la unión familiar y comunitaria. Los dulces son símbolos de abundancia y alegría.

La piñata en el contexto religioso de la Navidad representa la lucha entre el bien y el mal. Su forma tradicional de siete picos simboliza los siete pecados capitales: soberbia, avaricia, lujuria, envidia, gula, ira y pereza, contra los cuales debemos luchar. Los ojos vendados representan la fe, pues no debemos ver el mal, sino confiar en que la virtud y la gracia de Dios nos guiarán. Las frutas y dulces que caen son las recompensas por vencer la tentación y el pecado.

Pero más allá de lo bonito que puedan ser los elementos anteriores, hay decoraciones impresionantes por lo bello, el centro de esta festividad es Jesús, la máxima representación del amor y del perdón. Él nos regala la esperanza de la vida y la seguridad de que es posible vivir en comunidad con compasión, sin discriminación, con solidaridad y sencillez. 

Que estas fiestas decembrinas nos llenen de sentimientos que nos permitan generar ambientes de paz y esperanza en familia. Que nos motiven a una profunda reflexión para valorar lo que realmente importa: el amor. Puede sonar cursi, pero es la raíz de las más grandes satisfacciones de la vida.

Felices fiestas.

Leticia Treviño es académica con especialidad en educación, comunicación y temas sociales, leticiatrevino3@gmail.com





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